DIA INTERNACIONAL DEL JOC. on són els jocs?

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(Part d’un article publicat a La Vanguardia el dia 25 de Maig del 2014)

¿Dónde están los juegos?

Siete millones y medio de niños y jóvenes trabajan en Bangladesh

S. TARÍN Enviado especial. Los niños del metal. En un taller donde se fabrican ollas, diez niños pulen el aluminio en un ambiente de otro planeta: luz fantasmal, entelada por el polvo que tizna sus caras. Pero en cuanto ven una cámara, posan como una peña de amigos jugando en un parque.

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Están en fábricas de ollas, en talleres de automoción; los encuentras cosiendo chancletas, o limpiando oficinas. Donde no están es jugando. ¿Dónde está la diversión, las risas, la algarabía, si todos son críos? No hay, no existen. En este universo infantil no hay esparcimiento, no se juega: sólo se trabaja y los privilegiados estudian unas horas. Es el mundo de los niños obreros de Bangladesh, en el que no hay ocio, ni sitio para los amigos. La razón la dan ellos mismos: no tienen tiempo para estas cosas.

Rezan las estadísticas oficiales que Bangladesh tiene 155 millones de habitantes, de los cuales el 30% tiene menos de 18 años. También nos arrojan a la cara que en el país hay 7,4 millones de niños y adolescentes de entre 5 y 17 años que están trabajando, y que el 52,6% tienen entre 5 y 14 años. Además, 4,5 millones de niños obreros se desempeñan en empleos peligrosos para su integridad física o mental. Lo que suena a burla es que, en teoría, el trabajo está vetado legalmente a los menores de 14 años, explican fuentes de organizaciones humanitarias. Pero nadie hace ni caso. A estos chicos los encuentras en todos los slums. En el de Shapur, por ejemplo, se les ve en una fábrica de ollas, donde pulen piezas de aluminio. Son talleres pequeños, de una sola puerta, poco ventilados y peor iluminados. El calor es aplastante. La luz es difusa y empañada por el polvo del metal, que tizna las caras de los diez niños que están empleados aquí, todos de 13 años. Fuera, otros chavales se arremolinan alrededor de un occidental, dándole la mano, pidiendo hacerse fotos con él. Es casi un acontecimiento, porque para ellos sería lo mismo que si allí aterrizara un marciano: hay la misma distancia de un chico de estos con un español que con un extraterrestre.

NI OCIO NI COLEGAS Los niños obreros no tienen amigos ni juegan: dicen que no tienen tiempo

LA EXPLOTACIÓN Los críos que trabajan cobran sueldos misérrimos, cuando se les paga

En la escuela de Educo en Shampur estudia Emon, de 12 años, que trabaja en un taller de automoción. Allí está de 8.30 a 11.30; luego va a casa, come, a las 12 va a la escuela dos o tres horas y luego vuelve al tajo, a veces toda la noche. Empezó a ser un trabajador cuando dejó de ser niño, y eso fue al cumplir los diez años. Ahora gana 1500 takas al mes (15 euros). Su ambición: estudiar algo que le permita tener un negocio propio.

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Rahian vive en otro slum, Hozaribag, pero también monta piezas de motores de coche por 500 takas al mes (5 euros) más 20 para comida. En el taller.Rahian tiene 13 años y monta piezas de coches en un taller.Hace uno que está en el torno. Su patrón le deja ir a estudiar, aunque luego vuelve al tajo hasta la madrugada. Dice que le gusta este oficio, porque “es mejor este trabajo que otros, y más seguro”. Quiere llegar a ser ingeniero de automoción

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Esta niña es uno de los 25 menores que trabajan en una fábrica de chancletas del slum de Hozaribag, con largas jornadas laborales a 10 euros al mes. Tienen entre 8 y 10 años, y se sientan en el suelo a montar las piezas, entre montañas de calzado.

  Y así tantos y tantos. Como Naxon, de 9 años, que pone etiquetas en una fábrica de zapatos durante cuatro horas al día por 5 euros al mes , y que quiere ser maestro. O Jashim, que trabaja en el aluminio a sus 13 años, y que quiere ser un hombre de religión. Y tantos otros. Hay algo espantoso en estos niños: ninguno tiene amigos; no saben lo que es jugar. Lo dicen casi extrañados por la curiosidad, porque nunca se lo han planteado. “No, no tengo tiempo”, contestan cuando se les pregunta por sus diversiones, por si comparten con alguien un rato de esparcimiento.

Y lo contradictorio es que estos son los privilegiados, porque sus patronos les permiten ir a la escuela. La mayoría del trabajo infantil es pura explotación; en malas condiciones de salubridad, sin pausas y con sueldos misérrimos, cuando los reciben: más de la mitad de los niños obreros no cobran, según las oenegés humanitarias. Y escolarizarlos no siempre es fácil: para familias tan pobres un niño es un jornal, pero la educación es un gasto en vez de una inversión. Ellos no entienden por qué se les pregunta cómo viven, ya que es lo único que conocen, lo único que hay en su entorno. Por edad son críos, pero jamás han sido ni serán niños. En este universo infantil de trabajo, ¿dónde están los juegos?

 

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